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Sir John Soane's Museum: La pasión poética de un Arquitecto.2016
16
Dic

Sir John Soane's Museum: La pasión poética de un Arquitecto.

El escritor y erudito Inglés Isaac D’Israeli, padre del que fuera primer ministro de la nación, le dijo a John Soane en 1836 “Su Museo es permanentemente mágico, pues los encantamientos del Arte son eternos. Algunos, sus Poemas, han levantado bellos Edificios arquitectónicos, pero son más escasos aquéllos que han descubierto, al terminar su Casa, si es que tal Casa puede decirse que se ha terminado nunca, que habían construido un Poema” (1). ¿Cómo no iban a llamarme poderosamente la atención dicho edificio y dicho arquitecto?

Por Guillermo Arroniz López


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Debemos empezar por el principio, no obstante, para que el lector no se pierda en mi apasionado arranque de admiración por Sir John Soane y su casa que es museo, y que ya lo fue en vida del aclamado genio: hace quince años, aproximadamente, que llegué a este lugar, que no es precisamente uno de los más conocidos de Londres, dada la grandiosa competencia que ofrece la ciudad desde el Parlamento a la Torre, pasando por el London Eye y la Catedral de San Pablo o la Tate Britain y el Museo Británico. Pero tampoco resulta un destino desconocido para el viajero, especialmente si está interesado en la Arquitectura o la estatuaria clásica, y desde luego es, por derecho propio, uno de los rincones más ricos en belleza artística que pueda proponer la ciudad dejando de lado los grandes museos estatales.

A principios del mes de Diciembre tenía la suerte de visitar, por tercera vez en mi vida, las salas y habitaciones de este mágico pedazo de la Inglaterra Georgiana (pues Soane vivió fundamentalmente en esa época, y apenas los primeros años de la era Victoriana). El día era nublado y fresco, pero no frío, y sin embargo no parecía que la lluvia fuera a hacer acto de presencia.

La fachada es, realidad, la fachada unida de tres casas, 12, 13 y 14 Lincoln's Inn Fields, dado el hecho de que el arquitecto las fue comprando en distintos momentos de su vida, uniéndolas, y dedicándolas a distintas funciones a lo largo del tiempo. Si bien hay una simetría hermosa en el conjunto, pues la casa central se resalta con unos muros de piedra blanca o blanquecina, tres hermosos ventanales con arcos de medio punto y dos esculturas femeninas, mientras que las dos que la circundan están constituidas fundamentalmente por ladrillo amarronado o grisáceo propio de la construcción georgiana y las ventanas rectangulares y bordeadas de blanco.

El interior de la casa tiene, a mi modo de ver, dos atmósferas, una dualidad muy marcada, que se reparte entre los tres edificios resultándome muy complicado, a simple vista decir qué parte está en cada uno de ellos. La primera de esas atmósferas es la de una vivienda con sus cocinas, su biblioteca, sus estudio, su salón, algunas de gran luminosidad. Se respira en ellas una armonía clásica, un equilibrio lleno de belleza y no exento de decoración, pero siempre moderada, asumida dentro del espacio habitable: un retrato sobre la chimenea, un reloj en la repisa, un detalle en el techo…

La segunda en cambio tiene que ver con otra pasión de Soane quien no sólo fue un gran arquitecto y famoso diseñador de interiores que dio forma a la manera de entender las galerías de arte y ejecutó un magnífico proyecto para el Banco de Inglaterra (los trabajos que realizó para dicho edificio se han perdido en su mayoría) sino que fue también un magnífico coleccionista de Arte, con especial predilección por el mundo clásico. Por eso en su casa podemos encontrar bronces clásicos, urnas funerarias, bustos, copias de esculturas, fragmentos arquitectónicos, cerámica, dibujos de Piranesi, obras de Turner y Canaletto… amén del famoso sarcófago de Seti I. Esta parte de la(s) casa(s) donde guardaba esos tesoros artísticos la convirtió ya en vida en un museo, aunque no dejaba que lo visitaran en días de mal tiempo para evitar deterioros y humedades a las piezas. Esta parte del complejo da sensaciones laberínticas, es más oscura (supongo que para preservar las piezas) y sufre o disfruta, según se mire, de un abigarramiento que parece propio del horror vacui del arte Egipcio: es como si uno se encontrara en el Sancta Santorum de un templo por el que han ido pasando diversas religiones que se han ido sincretizando, acumulando, enriqueciendo hasta una complejidad incomprensible.

Nos detendremos primero en el citado sarcófago del importante faraón Egipcio de la dinastía XIX, una pieza que el propio Museo Británico rechazó por el precio que llegó a alcanzar (creo que unas dos mil libras). Se trata de un objeto labrado en una sola pieza de alabastro, originariamente de color blanco (la humedad y las condiciones Londinenses lo han vuelto amarillento, casi ámbar) y con los textos en relieve en un azul casi eléctrico, aunque hoy aparezcan grises al haber casi desaparecido su relleno original. Se ha intentado restaurar la obra para devolverle su aspecto original, pero de momento no ha sido posible. Nuestro querido Sir dio una gran fiesta cuando adquirió esta antigüedad, una fiesta de tres noches, a la que invitó a más de ochocientas personalidades de su época, rodeando el objeto, situado en el sótano de la casa, de cien velas y candelabros. El efecto debió de ser espectacular dando el brillo y tamaño de la pieza y el curioso entorno de la casa, algo estrecha la sala del sótano donde se ubicó, causando posiblemente la sensación de estar “violando” una tumba antigua, oscura y llena de tesoros… aunque sin la momia del faraón.

Sarcófago de Seti I. John Soane's Museum.

Sarcófago vacío al que se admira

tan sólo por sus formas y belleza:

tallado en alabastro de una pieza,

la luz se posa cálida y expira.

En él la diosa Nut casi respira*

y el Sol surca sus horas de tristeza**

al alma acompañando con tibieza

pues ésta es la noche de su pira.

Mas esto no era piedra amarillenta

y textos simplemente en gris relieve

ni antigüedad de adorno y a la venta:

¡Aquí yacía el faraón que triunfos lleve!

Azul era la letra hoy cenicienta...

¡y el ataúd tan blanco como nieve!

*Dentro del sarcófago hay un relieve de la diosa Nut, la diosa Tierra. **Por fuera los relieves son un texto para indicar al alma cómo llegar al Más Allá a través de las horas de la noche, como el Sol.

Con todo, y aun teniendo esta visión del sótano, cuya luz llega de la cúpula traslúcida dos pisos más arriba, además de las luces artificiales, este cubo o estructura vertical de la casa y sus aledaños son los más especiales y la mezcolanza de elementos hace que la dualidad siga predominando. Si bien el sótano, las urnas funerarias y el sarcófago tienen algo de cripta que uno “profana”, el piso superior está dominado por la pluralidad de estatuas y relieves, y en concreto presidido por un molde sacado del Apolo Belvedere que se encuentra en El Vaticano pero que John Soane conoció en el Louvre, al haber sido llevado allí tras la campaña de Napoleón. Parece que esta pieza data de mitad del siglo XVIII pero que el arquitecto la adquirió en 1811. No obstante no ser un original de la Antigüedad Greco-romana no se le puede negar el protagonismo dado tanto a su tamaño como a su posición frente al “patio” natural que forma John Soane y desde cuya barandilla se puede contemplar el piso bajo y, por tanto, el sarcófago, que queda directamente bajo el chorro de luz natural que llega de arriba y que se va debilitando piso a piso.

Resulta cuando menos sorprendente, por no decir impactante, la capacidad de los amantes de la Antigüedad, aquéllos que admiran su Civilización, de la Filosofía al Arte, para apreciar la belleza masculina, y al Apolo como su ideal. Su desnudez es completa (y bajo la hoja arbórea pueden apreciarse los órganos sexuales perfectamente) y su pose delicada, pero su cuerpo es armonioso y fuerte a un mismo tiempo. Para hombres heterosexuales (se presume que lo eran) y con mentes técnicas que tenían que hacer numerosos cálculos para sus proyectos arquitectónicos, que identifiquen y reconozcan la perfección y el atractivo del dios Griego no deja de ser ejemplo de que la belleza sobrepasa las edades, las orientaciones sexuales, los prejuicios y las normas religiosas. Lo cual me trae a la mente las bellas palabras del discurso de José de Echegaray a su ingreso en la Real Academia Española ¿en 1882?: “¡La belleza! Lo que es no lo sabemos ahora con certidumbre matemática; quizá no lo sepamos nunca pero que la belleza es algo, que existe, que palpita en la naturaleza, y que, así como la ola que llega a la playa rompe en espuma,...”.

De alguna manera es como si esta representación del dios hermoso por excelencia estuviera dándonos la bienvenida y la clave para entender el conjunto de objetos a nuestro alrededor. El mensaje sería que estamos ante la “evocación” de un templo pagano, un templo dedicado a la belleza del Arte, o al Arte que recoge algunos de los chispazos que la belleza produce en forma de chorro de luz.

Sin embargo… aquí el sincretismo genera un ambiente esotérico que está en lucha con los cánones de orden y equilibrio de ese arte Griego y posteriormente Romano. Y el ejemplo quizá más poderoso es el de la escultura de Diana Efesia restaurada que aun habiendo perdido su emplazamiento privilegiado donde la recuerdo hace años no deja de tener un poder innegable, una atracción y un peso muy notables.

¡Curiosa la memoria! Como acabo de decir yo recuerdo la escultura en otra sala, pero quizá nunca estuviera allí, y fuera otra la que mis ojos contemplaron desde una perspectiva especial. Aledaña a la estancia que contiene el patio y el Apolo está el cuarto cerrado (sin ventanas) donde se encuentra la mayor parte de la colección de pintura de Soane. Entre otros se encuentran los Canalettos. Pero es una sala con sus “trampas” y es que el Arquitecto era un seductor o un poeta de los interiores: las paredes de esta sala se abren cual si fueran puertas de armario para dejar ver más pinturas y grabados como los de Piranesi, y en uno de sus lados al abrir dichos paneles se abre un hueco del que surgía (o así lo recuerdo) la Diana Efesia. Ahora se encuentra a medio camino entre ambas salas, sobre un alto pedestal que permite contemplarla mejor ya que apenas tiene más de un metro de altura (sin la restauración apenas 76 cm).

Aquel efecto de verla aparecer dentro del “artificial” armario la convertía en una diosa en su capilla, en la oscuridad de su santuario, sólo visible a los ojos del fiel que tenía acceso al secreto del templo. O así estuvo o así quiso recordarla mi memoria, rodeada del misterio propio de esta diosa que incluía varias personalidades en una: Artemisa, Ceres y una divinidad anterior y local. La pieza que vemos hoy restaurada es originaria del Imperio Romano, y lo que sobrevivió fue parte del busto. Sus múltiples atributos como diosa de la caza se unen a aquellos que la ven como madre que proporciona pecho al mundo a través de sus muchos pechos… aunque algunos quieren ver en ellos testículos de toro y no pechos, lo cual la volvería mucho más enigmática aún, algo tan oscuro y difícil de entender como los mitreos donde se oficiaron durante cierto tiempo las ceremonias en honor a Mitra.

Diana Efesia. John Soane's Museum. A Qviron Lethebain.

Nos mira el lado oculto de la luna

con ojos tan ausentes como fríos,

crueles, virginales y vacíos,

ajenos al decir de la fortuna.

Vestida está con mármoles la luna,

tan blancos como luz de los estíos,

tan blancos como espuma de los ríos,

alburas como no tuvo ninguna.

Es diosa de la caza y su figura

erígese por siempre entre animales.

Su cuerpo y sus misterios orientales

seducen de una forma muy oscura.

Acuden a sus pechos los mortales

y encuentran una gélida escultura.

Otras muchas piezas forma están magnífica colección y otras salas espléndidas regalan al visitante con los dones de la hermosura y el encanto y por todo ello espero volver pronto a este rincón de mi amado Londres que tiene nombre y personalidad propios: el Sir John Soane’s Museum.

(1). “Your Museum is permanently magical, for the enchantments of Art are eternal. Some in Poems have raised fine architectural Edifices, but most rare have been those who have discovered when they had finished their House, if such a House can ever be said to be finished, that they had built a Poem”. Traducción del autor del artículo.



Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.


Fotos

Acerca de Guillermo Arroniz López

Guillermo Arroniz López Guillermo Arróniz López es escritor, escritor y escritor. Y cuando le queda algo de tiempo, escribe. Colabora como crítico de Literatura y Espectáculos en El Librepensador y ha publicado la novela “Epitafio del Ángel”, a la que siguió una colección viva de nanorrelatos históricos. Egales acaba de publicar Pequeños Laberintos Masculinos, su primera colección de relatos gays.

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